Asunción, la "Madre de Ciudades": A 489 años de su gestación en la Bahía
Lejos de los grandes yacimientos de oro y plata que buscaban los conquistadores en el continente, la historia de Asunción comenzó a labrarse sobre la tierra firme, estrechando lazos con los nativos y convirtiéndose en el epicentro histórico de la colonización en el Cono Sur.
La expedición y el refugio en la tierra de los Carios
La historia de su fundación se remonta a los primeros años de la conquista del Río de la Plata. Desde la recién fundada Buenos Aires, el adelantado Don Pedro de Mendoza envió una expedición al mando de los capitanes Gonzalo de Mendoza y Juan de Salazar y Espinoza con el objetivo primordial de dar con el paradero de Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala, de quienes no se tenían noticias.
Tras un encuentro con Irala en el Alto Paraguay —donde se confirmó la desaparición de Ayolas—, los capitanes emprendieron el retorno hacia el sur. En su trayecto, arribaron a una apacible bahía dominada por el cacique Kara Kara, territorio perteneciente a los Carios, una de las tribus guaraníes de la región.
A diferencia de la hostilidad experimentada con los pueblos pampas y charrúas en Buenos Aires, los Carios recibieron a los expedicionarios con hospitalidad, proveyéndoles víveres, frutas, animales y personal de apoyo. Fue en ese escenario, específicamente en las inmediaciones de la histórica Loma Cabará, donde el 15 de agosto de 1537 se levantó el primitivo fuerte de Nuestra Señora de la Asunción.
De humilde fuerte a "Madre de Ciudades"
En sus inicios, la estructura quedó bajo el mando de Gonzalo de Mendoza. Años más tarde, tras el retorno definitivo de Domingo Martínez de Irala y con la confirmación de la muerte de Ayolas, el inspector de la Corte del Rey, Alonso Cabrera, designó a Irala como teniente gobernador.
Bajo la conducción de Irala, el modesto caserío de paja y barro dio el gran salto institucional el 31 de julio de 1541, fecha en que se instituyó oficialmente el Primer Cabildo y se le otorgó la categoría de ciudad. El rey Carlos V dispuso el diseño de un Escudo de Armas y nombró a San Blas como patrono espiritual. Paralelamente, se delinearon las primeras calles, se fijó el espacio para la plaza mayor y se levantaron edificaciones esenciales como la casa de gobierno, un cuartel, una herrería, un astillero, depósitos y el templo principal.
Con el tiempo, Asunción se ganó con justicia el título de "Madre de Ciudades". Desde sus puertos partieron las expediciones encargadas de fundar importantes urbes en la región, tales como: En Argentina: Buenos Aires, Corrientes, Santa Fe y Concepción del Bermejo. En Bolivia: Santa Cruz de la Sierra. En Brasil: Santiago de Jerez y Ciudad Real.
El nacimiento de la nacionalidad criolla
El historiador Efraín Cardozo, en su obra El Paraguay Colonial, las raíces de la nacionalidad, describe cómo aquel enclave militar mutó rápidamente hacia un centro de arraigo cultural y humano. Al dejarse de lado la quimera de la plata y el oro, los conquistadores españoles echaron raíces en la tierra de los Carios, quienes estuvieron dispuestos a integrarse y unirse a los europeos.
De este proceso de mestizaje nació la descendencia criolla que daría identidad al pueblo paraguayo. Figuras como el propio Domingo Martínez de Irala y sus capitanes reconocieron a numerosos hijos con sus apellidos, afianzando un linaje que perdura a través de los siglos. Hoy, la capital paraguaya se extiende con casi un millón de habitantes, consolidándose como el corazón histórico y cultural de la nación.
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