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Doña Bielsa Solís de Mora: 95 años de historia, elegancia y alta costura en Pedro Juan Caballero

Hablar de doña Bielsa Solís de Mora es recorrer las páginas doradas de la historia viva de Pedro Juan Caballero. A sus 95 años, esta ilustre matrona paraguaya mantiene intacta la sencillez, la elegancia y esa entereza de una generación de mujeres valientes que transformaron el esfuerzo diario en el pilar de sus familias y su comunidad.
Doña Bielsa Solís de Mora: 95 años de historia, elegancia y alta costura en Pedro Juan Caballero

Oriunda de Horqueta, doña Bielsa llegó a tierras pedrojuaninas junto a su esposo, el Señor Mora, a finales de la década de 1950 e inicios de los 60. Era la época dorada en que la Compañía Americana de Fomento Económico (C.A.F.E.) atraía a familias de todo el nordeste paraguayo, forjando el núcleo social de lo que sería la segunda gran etapa de apogeo de la ciudad.

Junto a su esposo, atendió durante años una concurrida pensión y hospedaje que se convirtió en el punto de encuentro de viajeros y familias que terminaron echando raíces en la capital de Amambay.

La magia de la alta costura hecha a mano

Paralelamente a la atención del hospedaje y el hogar, doña Bielsa se convirtió en la modista de alta costura más cotizada de la época. Por su taller pasaron los vestidos más deslumbrantes para fiestas de debutantes, bodas y los inolvidables 15 años.

"En aquel tiempo no había la tecnología de hoy. La plancha se calentaba a carbón y las herramientas eran la tijera, el hilo, la aguja y las manos a la obra", rememora con nostalgia.

El trabajo era incansable. Para las festividades del 14 de Mayo, agendar un uniforme con doña Bielsa requería meses de anticipación. En las épocas de alta demanda, doblaba turnos hasta la madrugada junto a sus ayudantes para entregar los pedidos a tiempo. Sin embargo, siempre encontraba espacio para la vida social: cumplía con los compromisos junto a su esposo, disfrutaba del baile y, entre risas, recuerda cómo regresaba del club directamente a su máquina de coser para trabajar hasta el amanecer.

Espíritu inquieto y multifacético, jamás se quedó de brazos cruzados. Además de la costura, administró su propio bazar y participó activamente por muchos años en los grupos de la Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde sirvió con ahínco y una fe inquebrantable.

Anécdotas de un Pedro Juan Caballero de gala

Con un fluido castellano de acento hispano y una memoria prodigiosa, doña Bielsa evoca aquellas fiestas de gala familiares, los bailes y saraos en los clubes de la época.

Recuerda a los pioneros del volante como don Amado Ramírez, don Coraza Fernández, don Mosqueira y don Alegre, en tiempos donde los pocos taxis debían llevar a familias enteras. "Eran tiempos de caballerosidad, donde el novio o pretendiente debía pagar todo el viaje", comenta.

Las anécdotas incluyen las travesías de regreso a casa por las calles arenosas y arcillosas que, tras un chaparrón, se convertían en un barro rojo implacable con la prunela de los zapatos blancos y la orla de los vestidos largos de las damas que debían caminar de vuelta.

En sus relatos no falta la figura de Tomás Mora, pariente de su esposo y personaje folclórico de la época, a quien se veía a menudo alegre, vino en mano, festejando al ritmo de los pipus en las serenatas lideradas por el músico ciego Macario Cabrera.

Reflexión sobre el presente y un legado familiar

Al mirar el presente, doña Bielsa lamenta la pérdida de valores y educación en las nuevas generaciones, señalando la importancia de que los padres retomen el rol de educar con fe y civismo desde el hogar.

Hoy, a sus 95 años, continúa caminando con la misma firmeza y elegancia que la caracterizan. Vive rodeada del profundo amor de sus hijos, nietos y familiares —muchos de ellos destacados profesionales—, con la satisfacción del deber cumplido y la certeza de que, aunque la vida presente avatares, los valores y el trabajo honesto siempre prevalecen.

Redacción: Julio César Jara Cabral (Poeta, escritor y embajador del arte)