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El arte de jugar y la pobreza de ser: La otra cara de Kylian Mbappé

Para intentar calificar la actitud antideportiva y déspota del excelente jugador francés —brillante en lo deportivo, sin dudas—, Kylian Mbappé, he buscado en el diccionario de la Real Academia Española (RAE) el término exacto que pueda describirlo como ser humano. Porque como futbolista ya lo sabemos: es uno de los mejores del mundo; pero como persona, la realidad es otra.
El arte de jugar y la pobreza de ser: La otra cara de Kylian Mbappé

El primer término bajo la lupa fue déspota: aquella persona que abusa de su poder o autoridad, tratando a los demás con dureza, soberbia y prepotencia. Y de esa definición brotó una palabra clave: soberbia. La RAE la define como un sentimiento de superioridad frente a los demás que se manifiesta a través de la altivez, la arrogancia y un evidente menosprecio hacia el entorno.

Todo esto, y más, lo demostró el delantero francés en el partido contra Paraguay. Al sentirse impotente por no poder desarrollar su acostumbrado juego —tras haber sido anulado por completo por Juan José Cáceres y verse incapaz de penetrar la "Muralla Viva" Albirroja—, Mbappé dejó aflorar su peor versión.

Ego vs. Autoestima

A diferencia de la autoestima, que de manera sana fomenta el amor propio reconociendo los propios límites y valorando a los demás por igual, Mbappé actúa desde la soberbia. Utiliza un exceso de ego para enmascarar sus frustraciones cuando las cosas no salen como desea.

El dominio brillante de un balón de fútbol no basta. Si en el vocabulario de un atleta no existen las palabras humildad, empatía, respeto y educación, el éxito es solo un espejismo.

Por lo tanto, este personaje está lejos de ser el mejor jugador del mundo en el sentido integral de la palabra. Sus actitudes lo convierten en un pobre de espíritu: apenas un buen futbolista, pero un detestable ser humano.

Alejo A. Mendieta