ARTE Y ESPECTÁCULOS

Las fiestas patronales del PJC de antaño: Fe, tradición e idiosincrasia pedrojuanina

Por: Julio César Jara Cabral -(Poeta, Escritor y Embajador del Arte - RJDA 200/16): Hablar del Pedro Juan Caballero de antaño es evocar un tiempo donde las calles de tierra se vestían de fiesta y el vecindario se convertía en una sola gran familia. En el corazón de nuestra historia e idiosincrasia regional y católica, las fiestas patronales de los barrios eran el alma de la comunidad, uniendo de forma mágica lo religioso y lo profano, la devoción más pura y la alegría popular.
Las fiestas patronales del PJC de antaño: Fe, tradición e idiosincrasia pedrojuanina

El legado de doña De La Asunción Ortiz y el barrio Guaraní

Si viajamos en el tiempo a través de los registros oficiales que datan de 1918, nos encontramos con doña De La Asunción Ortiz (de la familia Mangoguy), considerada la primera moradora registrada del antiguo barrio Hugua Kaú, hoy barrio Guaraní. En su residencia de la calle Cerro León, la doble celebración cobraba un brillo único: el 15 de agosto, el día de su santa patrona y de su propio nombre, la Virgen de la Asunción, y el 8 de diciembre, la Virgen de Caacupé.

Aquellas jornadas eran sinónimo de un verdadero karu guasú (gran almuerzo comunitario), juegos populares y el emotivo santo yereroguata (procesión) hasta el templo. Eran días de diversión y alegría donde la comunidad se encontraba entera: las principales familias celebrando a la par con el pueblo, los vecinos y los niños. Allí se fundía la fe con la tradición paraguaya; se corría la sortija al son de la bandita pu, y la jornada cerraba con el infaltable baile social animado por una orquesta típica.

Un mapa de devoción en cada barrio

Esta muestra de fe no era un hecho aislado; era la costumbre arraigada en distintos rincones de la ciudad, donde familias enteras se constituían en guardianas de tradiciones centenarias:

Virgen de Caacupé: La devoción más popular. Además de doña Asunción, la celebraba con fervor doña Evarista Palacios en la calle Tte. Herreros (casi frente a la antigua Antelco/Copaco). También destacan en la memoria las celebraciones de Carmen Genes de Gavilán, el Médico Pablo, la Médica Pabla Benítez, Médica Fausta, Salud Medina, María Duarte y la familia Insfrán en las cercanías del CRE.

San Juan: Con el tradicional festejo cerca de la plaza San Roque González, organizado por Karai Juan Bautista.

Santo Rey: Una fiesta infaltable con la familia Marín en el barrio Mcal. Estigarribia.

Morena Chusca: Una advocación muy querida en el hogar de la familia Alvarenga.

San Pedro y San Pablo: Celebrado por la familia Díaz de Vivar.

San Antonio: A cargo de Quirino Sánchez y Celestina Figueredo.

Virgen del Rosario: Honrada con gran pompa tanto por el Médico Bento como por doña Celeida Quevedo de Arar.

Virgen María Auxiliadora: Organizada por la nucleación de Exalumnas Salesianas.

San Miguel Angelito: El protector del campo en el barrio María Victoria, y el "Médico San Miguel" de don Riquelme y Dos Santos.

Sagrado Corazón de Jesús: Sostenido por la cofradía liderada por doña Leocadia Pavón de Rivas.

Evolución de la fe y tradiciones que rejuvenecen

La devoción a la Virgen de Caacupé supo extenderse y transformarse con los años. En épocas más recientes, la familia Acevedo Quevedo mantuvo viva la llama con la Virgen de la Estación Futurista. Asimismo, el extinto diputado Eulalio "Lalo" Gómez erigió la imagen de la Virgen de Caacupé en el predio de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), celebrando cada año una fiesta multitudinaria, al igual que la tradicional fiesta mariana de Gringo González en su casa del barrio Jardín Aurora y la estancia 8 de Diciembre.

Es importante recordar las raíces de nuestra identidad eclesial: en los tiempos antiguos, desde 1906 hasta 1943, la festividad oficial y primera patrona de Pedro Juan Caballero fue la Inmaculada Concepción. A partir de ese año, la posta espiritual fue tomada por la Virgen del Perpetuo Socorro, actual Santa Patrona de la ciudad.

Estas celebraciones de los santos populares en el PJC del ayer no eran simples eventos del calendario; eran el tejido que unía a nuestra sociedad. Recordarlas es rendir homenaje a los pioneros que, con un altar en el corredor y un plato de comida para el caminante, construyeron la identidad solidaria y creyente de nuestra querida terraza del país.