Arte y espectáculos

Madre de la protectora, manto de paz

Una mañana de abril de mil novecientos cuarenta y cinco, llegaste con la luz del alba y tu andar callado, justo allí, a la frontera de dos países hermanos, para cobijarnos a todos con tu mando sagrado.
Madre de la protectora, manto de paz

Viniste a ser la Madre de la eterna ternura, la que nos brinda siempre un Perpetuo Socorro, la que nos cuida del mal y de la noche oscura, como un faro de amor en la cima de un cerro.

De tu mano aprendemos el camino divino, nos enseñas a amar a tu hijo Jesús, nuestro bien; guías los pasos de nuestro humilde destino, bajo tu mirada que es gracia, consuelo y sostén.

Hoy, tus hijos te cantan con fervor y con fe, los corazones se encienden al verte pasar, unidos en ruego, postrados a tus pies, te dan gracias, María, por tu amor sin igual.

¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro, no nos dejes caer!

No permitas jamás que perdamos a nuestro Dios, y que aquí, en lo más alto de nuestro país, sigamos protegidos por tu manto feliz.

A.A.M.CH.