Madre de la protectora, manto de paz
Viniste a ser la Madre de la eterna ternura, la que nos brinda siempre un Perpetuo Socorro, la que nos cuida del mal y de la noche oscura, como un faro de amor en la cima de un cerro.
De tu mano aprendemos el camino divino, nos enseñas a amar a tu hijo Jesús, nuestro bien; guías los pasos de nuestro humilde destino, bajo tu mirada que es gracia, consuelo y sostén.
Hoy, tus hijos te cantan con fervor y con fe, los corazones se encienden al verte pasar, unidos en ruego, postrados a tus pies, te dan gracias, María, por tu amor sin igual.
¡Oh, Madre del Perpetuo Socorro, no nos dejes caer!
No permitas jamás que perdamos a nuestro Dios, y que aquí, en lo más alto de nuestro país, sigamos protegidos por tu manto feliz.
A.A.M.CH.











