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¿Qué mal hiciste Roselin, y a quién?

De hecho que nada. A tu tierna edad, era imposible que hicieras algo malo, a no ser el haber confiado ciegamente en quienes considerabas tus amigos, quienes resultaron ser unos psicópatas a pesar de su corta edad.
¿Qué mal hiciste Roselin, y a quién?

Quien decías que era —y vos también estabas convencida— tu mejor amiga, resultó ser la primera psicópata que, bajo engaño y mansamente, te llevó como cordero al matadero, donde tus otros dos verdugos te aguardaban para concretar un macabro plan.

Truncaron tu vida y, con ello, sembraron el dolor, la indignación y la incertidumbre entre tus familiares y la comunidad caazapeña; una indignación extendida a todo el país que, al igual que en otros casos similares, clama por esa justicia que nunca llega, o que si lo hace, lo hace tibiamente.

Partiste de este mundo creyendo en quienes eran tus amigos. Tu inocencia trascendió todos los valores humanos; en tu corazón nunca hubo lugar para albergar a gente con mentalidad criminal. Por eso creíste en tus amigos, que al final fueron tus verdugos, los que planearon tu muerte sin el más mínimo sentimiento de afecto, amor y cariño, como la gente normal.

Ellos están lejos de serlo: no parecen humanos, ni tan siquiera bestias, porque las bestias, a pesar de serlo, nunca atacan a los de su misma especie.

Todos aguardan ahora que la justicia no sea benévola ni condescendiente, y que les aplique —cuando se dé la oportunidad— todo el rigor de la ley, para liberar a la comunidad caazapeña, al menos por 40 años, de este tipo de plagas que contaminan el ambiente por dondequiera que vayan.

Redacción Radio América 94.9 FM