Se sacude Paraguay y debuta con triunfo en la Copa América
La selección paraguaya literalmente se sacudió la modorra que arrastraba desde hace varios partidos y superó a Bolivia 3-1, un rival que lo complicó pero que no soportó la determinación guaraní.
Los Romero fueron los grandes protagonistas del encuentro. Alejandro Romero establecía la paridad a los 61’ con disparo certero desde afuera del área.
Después, entre los 64’ y 80’, Angel Romero aseguraba la noche que desde un comienzo fue tremendamente favorable a la selección de Eduardo Berizzo.
Paraguay entró con hambre. Como mínimo, en todo el partido el equipo guaraní generó una treintena de situaciones claras de gol, las que no las pudo capitalizar más temprano.
Tuvo que pasar primero por el trago amargo de un penal en contra por causa de una mano casual de Santiago Arzamendia. Cuando Paraguay estaba acomodándose para enmarañar a Bolivia en su juego, la desgracia se avino y Erwin Saavedra no perdonó.
Abrió el marcador apenas a los 9’ de la primera fracción. Pero sobresalió la capacidad de absorción y asimilación de Paraguay, que mantuvo la presión, la constancia y el orden.
Bombeó todo el tiempo a su rival, que aguantó estoicamente sin generar ninguna chance más después de aquél penal. En los más de noventa minutos sólo llegó dos veces.
Pero no soportó el asedio y Kaku rompía la malaria dos minutos después de estrellar un zapatazo al travesaño. Parecía una brujería y eso que Bolivia quedó con un hombre menos por expulsión de Jaime Cuellar.
Ni aún así le salía el gol a Paraguay, hasta que al fin de abrió el grifo y por primera vez en la era Berizzo, las buenas sensaciones de la que tanto se ufanaba se vieron acompañadas de un resultado justo, merecido y bien ajustado a la temática del partido.
Históricamente, Bolivia siempre fue más débil que Paraguay, pero las orfandades albirrojas hacían que el rival últimamente parezca superior.
Hoy, Berizzo comprobó que poniendo hombres adecuados en puestos adecuados, las probabilidades de ganar son ciertas y más aún jugando con la actitud que puso el equipo, que forma parte de un cóctel que de mantenerlo hará que a los adversarios les sea más complicado sortear la tan mentada garra guaraní.
Y si bien se celebra el modo en que se dio el triunfo, el mismo no es para ufanarse de por vida. Es nada más que la demostración de que haciendo un poquito mejor las cosas, los resultados pueden ser satisfactorios.












