¿Y ahora resulta que todos son unos pysã tronco?
Qué rápido se olvidó la afición de la maratónica remontada que logró el equipo en la etapa clasificatoria tras la llegada de Gustavo Alfaro, cuando estábamos al borde de la eliminación. En esas épicas jornadas se les perdió el respeto, tanto de local como de visitante, a las tres potencias poseedoras de los 10 títulos mundiales que tiene Sudamérica (frente a los 12 de Europa): Brasil (5), Argentina (3) y Uruguay (2), además de otras selecciones de gran jerarquía como Ecuador y Colombia. En aquel entonces, todos eran futbolistas de enorme categoría; no había ningún pysã tronco.
Un tropezón no es caída
Pretender justificar lo mal que jugó nuestra selección, o afirmar que simplemente "no jugó", es imposible; pasó lo que pasó. Sin embargo, en vez de criticar sin piedad, lo que sí podemos hacer es darles un voto de confianza, tal como lo hicimos cuando Alfaro asumió el mando en las eliminatorias.
Detengámonos a pensar que solo tuvieron una mala noche. Recordemos a la selección argentina en Catar 2022: comenzó perdiendo 2 a 1 contra Arabia Saudita. Fue un golpe duro, es cierto, pero se repuso y terminó consagrándose campeona del mundo.
No pretendamos que ocurra exactamente lo mismo con la Albirroja, pero al menos devolvámosle la confianza a estos atletas. Son brillantes futbolistas que nos han dado muchas más alegrías que tristezas. Entendamos que un tropezón no es una caída y que, en una "guerra" que consta de tres batallas, perder la primera no significa perder la guerra.
El próximo viernes, todos con la Albirroja
Para la siguiente presentación, este próximo viernes 19, volvamos a vestir nuestra camiseta con la misma esperanza. Volvamos a confiar en nombres como Almirón, Enciso, G. Gómez, D. Gómez, Sosa, Cubas, Alderete, Alonso, Cáceres, Velázquez, Sanabria, Galarza, Bobadilla, Fernández y tantos otros que nos devolvieron la clasificación a una Copa del Mundo tras 16 largos años de ausencia.
Hoy, ellos necesitan nuestro aliento y nuestro respaldo. No les demos la espalda; unamos nuestros pechos a los suyos para que se conviertan en una muralla inquebrantable. Ya lo logramos antes, ¿por qué esta vez tendría que ser diferente?
¡Vamos, Paraguay!











