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El guarda del tren: Un misterio de infancia que cruza el tiempo

HECHOS PARANORMALES: Entre el misterio actual de Guarambaré y los recuerdos del pasado. Las extrañas apariciones nocturnas de tres mujeres —dos vestidas de blanco y una de negro— que de madrugada caminan cabizbajas rumbo a los cementerios de Guarambaré tienen desconcertados a los vecinos. Nadie sabe quiénes son, de dónde vienen ni qué intenciones tienen, pero este tipo de sucesos insólitos inevitablemente despiertan memorias ocultas.
El guarda del tren: Un misterio de infancia que cruza el tiempo

Historias de lo inexplicable hay muchas, y esta es la que me tocó vivir en carne propia a la edad de 8 años en el año 1966, un secreto que lo tuve guardado durante décadas, hasta hoy, 60 años después.

La llegada de "El Inter" y el encuentro con Anastasio

Corría el año 1966 cuando una tía, hermana mayor de mamá, y su esposo —que vivieron por muchos años en Buenos Aires— decidieron regresar al Paraguay para radicarse en Luque. El viaje lo hicieron en tren, abordando el emblemático "El Inter", formación que completaba el legendario trayecto Encarnación – Asunción. La llegada de este convoy a la estación de Luque era todo un acontecimiento que congregaba a gran parte del vecindario.

Para darle una grata sorpresa a su hermana, mi mamá decidió adelantarse y viajar junto a mi hasta Ypacaraí para abordar allí el tren rumbo a Luque.

Cerca de las 20:00 horas, "El Inter" arribó envuelto en humo. Al subir, fuimos recibidos por un guarda muy amable llamado Anastasio, quien nos guio hasta el vagón dormitorio donde se produjo el emotivo reencuentro familiar. Mientras mi mamá y mi tía charlaban sin parar, yo me deleitaba con anécdotas de la Guerra del Chaco, ya que mi tío había sido sargento 1º telegrafista.

Durante todo el trayecto, veía pasar a Anastasio de un lado a otro. Incluso lo vi descender en la estación de Patiño y reincorporarse más adelante en Areguá, cumpliendo con sus labores.

La extraña despedida y el silencio de mis familiares

Al llegar a destino, se acercó otro guarda para avisar el arribo y ofrecer ayuda con las pertenencias. Al preguntar por mi amigo Anastasio, el empleado me miró con desconcierto y una evidente expresión de asombro, respondiendo con un incómodo "no sé, debe estar por ahí".

Descendimos en medio del gentío y los parientes que nos aguardaban, sin que pudiera despedirme de Anastasio. Lo más extraño fue que, al mencionarlo, ni mi tía, ni mi tío, ni mi mamá supieron qué decir, actuando como si jamás lo hubieran visto.

La impactante verdad descubierta años después

Pasaron los años, y cuando en 1975, estando exiliado en Luque por algún mal comportamiento, que sinceramente no recuerdo y si lo llego a recordar no se los voy a contar, un día se nos antojó con unos amigos ir hasta Asunción en tren y así pasó. Nos fuimos y descendimos en la estación donde había un museo, y hasta ahora seguro hay, al menos eso, porque tren no hay más, en el que entramos para curiosear.

Fue allí, que recorriendo llegué una dependencia donde había fotos de funcionarios antiguos, y entre ellas, ¿saben a quién encontré?, eso mismo, a mi amigo Anastasio. ¿Como es lógico suponer, pregunté qué se hizo de él, por dónde andaba?, la repuesta me dejó pichado, luego helado y después mitad asustado y mitad asombrado. Anastasio fue inspector de alto rango por muchos años y había fallecido a inicios de 1966, unos meses antes de nuestro encuentro en la estación de Ypacaraí.

A más de medio siglo de aquel suceso, confieso que aún hoy prefiero dudar de las fechas y aferrarse a la idea de que los fantasmas no existen, aunque mi propia experiencia y los misterios que hoy sacuden a los  pueblos demuestren que hay realidades que escapan por completo a nuestra comprensión.

Lo de Guarambaré particularmente creo que se debe tratar de un trío de mujeres cumpliendo algún ritual impuesto por algunas de las tantas sectas religiosas que hoy día abudan en todos los países, porque fantasmas, definitivamente, no son.

Alejo A. Mendieta